Saben a rancio casi todos aquellos poemas visuales del neobarroco latinoamericano, especialmente si formaban caprichosas espirales que hacían ilegibles sus versos. La literatura que nace presentándose como disruptiva está destinada a morir pronto. Acaso ese es su juego: el escándalo de lo efímero, aunque los siglos de los siglos hayan probado que nos sostienen similares necesidades expresivas.

Las redes sociales lucen como esas desafortunadas espirales concretas de nuestro tiempo. Han hecho pensar a mucha gente que literatura son las líneas de autoayuda que publican debajo de sus selfies borrosos. Sin embargo, la tecnología nos ha otorgado también el privilegio de acceder de forma inmediata a lo que se piensa y se dice sobre arte en cualquier lugar del mundo. La tecnología ha permitido, por ejemplo, convocar, armar y publicar este número, el segundo de Desmadres, que reúne textos de Cuba, México, Venezuela, Argentina, República Dominicana, Uruguay, Guatemala, Chile, Perú, Colombia, Puerto Rico, Ecuador y Bolivia, dibujando el mapa creativo de un continente y sus islas, hasta alcanzar incluso los territorios más hostiles para sus lenguas, como es el caso de Estados Unidos.

Los textos que aquí se reúnen prueban que, sobre la histérica producción seudoartística que nos rodea, no hay que preocuparse demasiado. La hojarasca entorno al arte siempre ha existido. Lo que hoy son post motivadores en Facebook, antes se llamaron folletines, novelitas de Corin Tellado. La experimentación no está en los bites que scrolleamos ad inifinitum, ni siquiera en esta mezcla de lenguajes y registros que he usado en este editorial y que es, también, un sino de estos tiempos; solo encontrarán sus verdaderos patrones, fallos e influencias, los lectores más exigentes y prolíficos.

En definitiva, el desmadre de la literatura sigue el mismo: que cada quien escriba en y sobre su tiempo, pero que se olvide del tiempo. El péndulo de la historia pondrá todo en su sitio, y la verdadera diruptividad, la que transmute a algo o a alguien, será comprendida, como la vida misma, muchos años después de que haya muerto.

Dainerys Machado Vento (Cuba). Nació en La Habana y es cofundadora de la editorial Sualos/Swallows. Es autora de Las noventa Habanas y el cuento “El color de los globos”, incluido en GrantaLo mejor de los jóvenes novelistas en español, forma parte de su nuevo proyecto, El álbum de las treintañeras.

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