Porque es una revista de y sobre literatura latinoamericana, y pocas cosas más representativas de lo latinoamericano que el caos, la dispersión, el desborde, el agite, la entropía, lo que se va de cauce, lo que rompe algo que, se suponía, debía quedar intacto.
Porque buscamos darle un orden (un nombre, un título, lo que sea) a todo eso.
Porque lo latinoamericano no puede generalizarse, no es una sola cosa. No siempre y no todo. Y entonces el desmadre queda del lado de la necesidad de englobar, clasificar, ponerle un rótulo que quede más o menos cómodo para aferrarlo.
Porque para ponerle esa etiqueta, primero tenemos que abrirnos a lo latinoamericano. Colocarlo sobre la mesa, darle lugar a aquello que no se dice, que se da por sentado. Hablar de quiénes somos, sin saber, en definitiva, dónde quedó la identidad.
Porque el desmadre está ahí afuera esperándonos, antes, durante y después, pero sobre todo adentro. Como un legado, como una práctica. Como una manera de hacer, pensar, sentir y vivir. Y decir.
Un desmadre distinto al de otras partes, y que también tiene que ver con sacarse a la madre de encima. O creer que eso es posible.
Y no un desmadre solo, sino muchos, y mutantes. Necesarios, temidos y deseados. Porque para crecer hay que desmadrarse un poco, y después, tal vez, anhelar lo que se perdió.

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